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LAS ACCIONES MÁS BELLAS DE MI MADRE

 

 

César Miguel de Santiago Nájera

 

Si en el mundo existe una persona de la cual su amor no pongo en duda y este mismo no busca remuneración alguna, es el amor de mi madre, diariamente, año con año, ella es la primera en abandonar la comodidad de la cama, sin parecer no importarle la hora a la que haya ido a dormir, se levanta para vigilar que yo haga lo mismo y me prepara para dirigirme a la escuela, luego de esto, me repite la misma rutina  todos los días, cepíllate los dientes, no tardes, es lo que me recuerda por las mañanas. Posteriormente, estando yo a punto de retirarme rumbo a la escuela, ella me despide con un cálido beso y un no menos amoroso abrazo, me dice un sincero ¡Te quiero hijo! y me da su invaluable bendición. Al terminar mis tareas en el Colegio, regreso a la casa de mis abuelos.

Pasan las horas y después de las cinco de la tarde, mi madre sigue trabajando, como ya había mencionado, con el único fin de apoyar a la familia en  cuanto a ella le sea posible, sin limitarse ni reservarse nunca, siempre dando el todo por el  todo, y eso  se refleja no sólo en la Familia, sino  también en la confianza que se ha ganado con cada uno de sus pacientes. Mi mamá es doctora y no cuenta con un horario establecido, siempre finaliza el día de trabajo, ya entrada la oscuridad de la noche, entre las ocho y las nueve.

Llegan por mí, y a pesar de ir muy agotada, mi mamá siempre entra saludándonos a todos y revisando el estado de salud de sus padres, verificando que su presión sea la correcta, luego nos dirigimos finalmente a nuestra casa, al entrar, la labor de mi mamá continúa, se encarga de que mi uniforme quede impecable,  planchado y en total orden, cenamos tranquilamente reunidos ya casi como culmen del día. Sin embargo, antes de dirigirnos a dormir, mi mamá me hace cuestionamientos que  me aseguran lo que yo ya sabía que está al pendiente de mí. Me pregunta ¿Ya hiciste la tarea?, ¿Ya organizaste tus libros?, ¿No hay que firmar nada? Son cosas comunes, pero bellas en nuestra conversación, luego de haber esperado unos instantes después de cenar, nos vamos finalmente a dormir, como último acto de amor por el día, mi mamá se despide cariñosamente de mí, me da un beso de buenas noches cual niño pequeño y termina nuestro día.

Por esto y por mucho más, me atrevo a decir que me quedo extremadamente corto, en expresar a lo que está dispuesta mi mamá  y que hace siempre lo mejor por nosotros, que a sí misma. Todo esto me deja más que en claro, que no hay quien sienta por nosotros un amor más puro y entregado que mi madre, tengo la certeza de que nada alcanzaría para describir las acciones más bellas de mi madre.

 

 

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